¡Al fin! Juan Piñera

Por Mery Delgado

¡ Cuanta alegría me ha dado amanecer con la noticia del Premio Nacional de la Radio 2018 al maestro Juan Piñera entre otros tantos radialistas!

La persona más humilde y más ingeniosa que he conocido en mucho tiempo. Lo ví llegar a CMBF, Radio Musical Nacional con la timidez de quien viene a tomar un batón muy alto y no sabe si esas medidas le vienen bien a su cuerpo, a su talento.

Ya tenía un camino recorrido en la música como compositor para varios formatos, medios, etc. Era el rey de las carteleras teatrales en ese tiempo en que lo conocí. La década del 90 donde está su huella continuada hasta la actualidad. Carlos Díaz, Abelardo Estorino, Gerardo Fulleda León, Berta Martínez, Ignacio Gutiérrez, pero también Alicia Alonso y Rosario Cárdenas han sido privilegiados con su creatividad, entre muchísimos otros.

Tomar el legado de Maruja Sánchez Cabrera para CMBF que comprendía tres programas semanales de música cubana con una rica trayectoria, distinguidos por numerosos premios en festivales nacionales de la Radio, y darle continuidad, constituía un reto muy grande para este laborioso Piñera.
Pero ni corto ni perezoso, que nunca lo ha sido me consta, puso manos a la obra y no solo la ha mantenido sino que ha aportado otros espacios a la audiencia cmebefiana, con la cual ya tiene un crédito muy ganado.

Si a eso le sumamos, que aquí mismo en la radio lo enamoramos para que escribiera para los noticieros, las críticas de música que oralmente nos hacía escuchar; su aporte a la memoria de la música cubana y de la radio en particular es mucho mayor. Y esto no lo dice la síntesis que aparece publicada en todos los medios del país avalando su Premio, el más que merecido junto a otros que deben serle otorgados.

Prolífico en demasía, quien desde ese mismo período especial ha venido a enriquecer no solo los programas de música con sus saberes, sino también los informativos con la crítica oportuna a cuanto acontecimiento musical ocurre en esta bella Habana.

Si Carpentier lo hizo en su tiempo, es Juan Piñera quien lo hace en estos, sin compromisos con su gremio, alaba al que lo merece y fustiga al que no tiene buena factura. Y eso lo disfrutamos todos, porque sabe decir las cosas como su renombrado tío, Virgilio Piñera, el mayor dramaturgo que ha dado este país, con una bis simpática y sin tanto alharaca.
Felicidades Juan Piñera, me alegra mucho que tu Premio Nacional sea por tu labor para la radio.

Juan Piñera junto a Juan Blanco
Juan Piñera junto a su editora Milagros Muñoz en CMBF

Link que distingue su rica trayectoria (http://culturacubana.net/11-13-4-juan-manuel-pinera-infante/)

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Fabiana Cozza cautiva al público habanero con las canciones de Bola de Nieve

Por Mery Delgado

La cantante brasileña Fabiana Cozza dos Santos, vino invitada a la Fiesta del Tambor en La Habana, dedicada en esta edición a Brasil.
Por primera vez la vimos en un programa concierto en el Teatro Mella, donde alternó con otros coterráneos, pero en sus tres o cuatro canciones ya presentó cartas credenciales que le ganarían la admiración y el aplauso del público. Dejaba así las expectativas creadas para el Concierto Homenaje a Ignacio Villa (Bola de Nieve), que ofrecería el sábado pasado bajo el nombre de Ay, amor, una de las canciones más bellas del autor cubano, en el teatro del Museo de bellas Artes.
Con el pianista cubano radicado en Brasil, José Cisneros, se presentó descalza como la primera vez. Es como si su voz, su energía en el escenario, la tomara directamente de la tierra.
Fabiana Cozza es una cantante completa, actúa, baila, canta y le pone corazón a todo lo que interpreta.
Este trabajo con las canciones del Bola se preparó hace tres años en su país. Recoge quizás , las mejores , las más auténticas, las que más le permitieron alternar poesía y música.
Desgranó junto a su colosal pianista guantanamero cada canción , como si en ello le fuera la vida frente a un público conocedor y cubano por demás.
1. Cancion de la barca
2. No me comprendes
3. No me platiques
4. Vete de mi
5. Alma mía
6. Es tan difícil
7. No quiero que me odies
8. Devuélveme mis besos
9. Mesiè Julian
10.Tata cañengue
11. Babalù
12. Ay, amor
13. Be careful, it`s my heart
14.La vie en rose
Hasta cerrar con No puedo ser feliz . El público se levantó y la ovacionó durante varios minutos.
Fabiana dijo en algún momento que el Bola cantaba con el corazón en su boca, ella hizo lo mismo y más. Quería y tenía muchos deseos de compartir este trabajo con los habitantes de La Habana – dijo emocionada.
Allí estaba junto a Miguel Barnet, Presidente de la UNEAC, Raquel la hermana del Bola, una señora mayor, con una sonrisa de premio y muchos, muchos aplausos para la diva brasileña en agradecimiento al homenaje a su hermano.
Fabiana Cozza y Pepe Cisneros, dejan una huella imborrable en la capital, y ojalá ese video que vimos filmar durante todo el concierto, llegue pronto a nuestros televisores. Sería un regalo para guardar.

En su página de Facebook escribió este día: ” No he encontrado ni una palabra que explique lo que pasó anoche en el teatro bellas artes en la Habana. Llevo horas despierta y no sé qué escribir exactamente…
Quizás, la única certeza que tengo se refiere a mis opciones – intuitivas y por eso cerca del corazón. Ellas guían mi camino artístico y renuevan mi amor, dedicación y honestidad al oficio que elegí.
Ir a Cuba me llevó dentro del corazón de mucha gente que, como yo, ama la bola de nieve. Mi mundo creció.
En este video, al final del show, saludo a la señora Raquel (87 años), hermana más joven de Ignacio Villa (bola) que me lleva a las lágrimas una vez más
Mi nueva casa ahora se llama Cuba”.

LA FIESTA DE BEATRIZ VIÑAS

Por Mery Delgado / Fotos Buby

Un homenaje a figuras imprescindibles de la escena ya desaparecidas, fue el preámbulo para las funciones de La cuarta Lucía por Beatriz Viñas, recientemente, en la programación por el aniversario 15 de la Sala Llauradó.

De esta manera se recordaba a través de imágenes a Adria Santana, Alina Rodríguez, Xiomara Palacios, Armando Suarez del Villar, Abelardo Estorino y otros tantos, que han dejado una huella en la historia del teatro cubano.

La cuarta Lucía es uno de los proyectos que más cuida y agradece la actriz Beatriz Viñas, quizás por eso desde la misma entrada, establece comunicación con el público y se lanza a demostrar cuánto de pasión y arrojo conlleva una profesión, y sus avatares para conseguir un papel por pequeño que sea. “Trabajar para mí es una fiesta innombrable” – asegura Ingrid, y así es.

Con la madurez de su recorrido por los diferentes medios en la última década, Viñas vuelve a su personaje de Ingrid y le insufla otras emociones, su energía se despliega por todo el escenario, y va de la Santiaguera a Luz Marina, con la soltura y el desenfado que dan las palabras incorporadas como propias, y el placer de disfrutar su efecto en el auditórium.
En la primera de las dos funciones, hasta una impertinente cucaracha en la escena, trató de desconcentrarla ¿Cuál no sería la sorpresa a su salida tan elegante? Como si hubiera sido preparado. La eliminó como hacemos los cubanos, a puro zapatazo, y con la misma dijo: Porque a mí me gusta trabajar con el escenario limpio. Marcando las palabras con mucha fuerza. El público la sorprendió con un fuerte aplauso.

Yo recordaba en ese instante, unos cuantos años atrás (2009), cuando Beatriz defendía en el teatro Terry de Cienfuegos a su Ingrid, ante un prestigioso jurado, en una sala repleta y bien oscura, en el Festival Nacional del Monólogo, que organiza esa ciudad.
El día de la competencia, por encima de ella sobrevolaron bien bajo, más de 20 murciélagos, y hasta un gato que nadie sabe de dónde salió, subió a la escena por una pata. Ella estuvo impasible, tanto, que el público estuvo agobiado por el temor de que algo la sacara de la brillantez de su actuación. Ese año, La cuarta Lucía se llevó el máximo lauro que otorga el certamen.

Quizás con estas funciones de 2018, Beatriz Viñas se esté despidiendo de su Ingrid mimada y tan querida para ella, pero su entusiasmo por la actuación, la entrega y el estudio que siempre le pone a sus historias, la llevarán sin dudas a retos mayores, y a tomar la piel de otros tantos personajes que esperan por su descubrimiento, llámese: Olga, Mascha, Irina o Natascha.

Reponer lo bueno, siempre será agradecido por el público

Este texto lo escribió Raúl Martín, director de teatro de la Luna. Por su connotación lo reproduzco, aprobado y aplaudido por esta admiradora de su trabajo

Un joven y talentoso teatrista, de los que, por suerte seguimos teniendo muchos, se quejó de lo difícil que era para él, en su condición de principiante, reponer una experiencia, un montaje que le había complacido y que había encontrado una respuesta excelente con su público. Hasta deseó ese extraño calificativo de “Reconocido” para que se le abrieran los caminos y hacer funciones, temporadas. No pude asegurarle que este “rango” resolviera su problema.
Reponer las obras exitosas y hacer temporadas extensas son dos de mis obsesiones en el teatro. Me formé con maestros que abogaban por el “Repertorio”. Siempre con la certeza de que debían volver a escena los espectáculos, mientras siguieran diciendo algo al espectador y continuaran teniendo el apoyo del público. Porque ese acto de comunicación es el sentido del teatro. Padecemos, como grupo, el problema más grave para mantener un repertorio: La falta de local de ensayos y presentaciones. De esto se deriva: Las peores condiciones de almacenamiento de la indumentaria teatral. Sufro desmesuradamente la pérdida de telones, la pudrición del vestuario, el robo de elementos escenográficos y esto es ya común en nuestros años de trabajo. Cada vez que me propongo reponer, sé que se convertirá en la epopéyica empresa de volver a hacer, reconstruir o rescatar del moho los elementos del montaje. Es, casi siempre, más desgastante que trabajar para un estreno. Lo emprendo del modo más doméstico, como una tarea de la casa, con esfuerzos propios; por estos días estoy idéntico a mis comienzos: Sin productor, sin asistente y, además, sin el nivel de compromiso que existía hace unos años entre los hacedores del hecho teatral. Por eso, cuando logramos el milagro de reponer una obra que “descansaba” hace cuatro años y que se estrenó hace doce; desde el supremo agotamiento, se asoma la alegría al ver la sala desbordada de público, de otro público y de una emoción igual, o tal vez más intensa, que la del estreno. Esa alegría parece decirnos que valió la pena el esfuerzo, esa emoción parece borrarlo todo (¡Oh, emoción, gracias por seguir siendo la protagonista!); aunque nos asalte la duda de no saber si tendremos fuerzas para repetir la hazaña. Las hazañas cansan demasiado y no se puede vivir saltando de una a otra, porque se cae en el peligro de que la hazaña sea más notoria que la obra en sí. No deseo eso para nadie. Por ahora, me hizo feliz, otra vez, la atronadora acogida de público a la reposición de Delirio habanero. La temporada fue breve (Por lo ya dicho) y pido disculpas por eso a los que se quedaron sin poder entrar o esperando una semana más de funciones. La experiencia con el público, me sigue alentando para seguir reponiendo (¿De dónde saldrá ese aliento misterioso?); por eso, otra vez domésticamente, asumiré el regreso de El enano en la botella, del reciente Banquete infinito y, luego, de El dragón de oro; porque el público las sigue queriendo. Vamos a ver cómo nos va por los rincones de la Casona de Línea u otro espacio que encontremos para ensayar, en la batalla contra el moho, la desidia, la demora interminable de una empresa como “Atrio” y con la fuerza de dos o tres que nos ayuden a cargar los tarecos para seguir peregrinando, después de 20 años.

La magia se acabó en el Mella

Por Mery Delgado

Quiso la casualidad que hace más de una semana se suspendiera la función de Harry Potter se acabó la magia en el Trianón y, al no tener muchas variantes para aprovechar en esa zona, me decidiera entrar al teatro Mella, donde la Compañía Yoldance presentaba el espectáculo musical Bésame mucho.
Este tipo de espectáculos atrae a un público diferente al que estoy habituada en las funciones de teatro, y siempre resultará interesante observar a los consumidores de nuestros productos culturales.
Y ¿por qué hablo del público? Porque hablaré del producto.
Bésame mucho se inspira en un barrio habanero. Pudiera ser Centro Habana o Habana Vieja, los más cercanos al muro del Malecón que aparece en la escena. Desde el mismo inicio nos muestra a sus habitantes, jugando futbol, bailando y en alguna que otra bronca. Esa es la imagen que ofrece el espectáculo.


La orquesta de Pachito Alonso, a un costado del escenario, en lo que sería un bar de la cuadra. Y los cantantes, bien diversos en sus registros y en su forma de vestirse, completan el elenco junto a 30 bailarines. Tres actores son los protagonistas de la historia, en un triángulo amoroso muy forzado para mi gusto. Un guion tan débil como su empaste con el conjunto danzario.
Se tiene como antecedente que Bésame mucho inició su recorrido hace algún tiempo por España y Alemania. ¿Sería el mismo espectáculo que vimos aquí? Porque si es así amigos, esto que hemos llamado imagen no es real.
Nuestros barrios, cualquiera de los dos que he mencionado, tiene también otros protagonistas y otras historias más interesantes que contar. La identidad, sus tradiciones, el folclor, la diversidad de géneros y nacionalidades, darían por resultado un producto más completo que la superficialidad y la vulgaridad que emanan de esta producción.
Los bailarines son buenos en su mayoría, pero ¿por qué poner por delante a dos transformistas cuyas proyección y movimientos son de la más pura marginalidad? ¿Es esa la cara que queremos mostrar al mundo?

Hemos visto Vida de Liszt Alfonso y A la medida del Ballet Rakatán, por solo mencionar dos espectáculos. Ambas compañías desarrollan sus obras en barrios habaneros de forma diferente, con una elegancia, limpieza y un recorrido por nuestros bailes populares, que le dan un sello de distinción y cubanía. Los dos colectivos se mueven constantemente en el panorama internacional por el prestigio bien ganado.
Comparaciones sí, porque de ellas también sale un público mejor formado, un disfrute mucho más placentero, y un retrato de Cuba que ante el mundo nos enorgullece.

Farándula…y qué

Por Mery Delgado

Farándula, el tercer estreno del Jazz Vila´Projects, ya tiene vendida toda la semana de representaciones en la capitalina Sala Llauradó. Esa fue la primera noticia que escuché, al asistir a su debut este viernes con el primer elenco: Camila Arteche, Yordanka Airosa, Jomy Marull y Omar Rolando.

No les tengo que asegurar que la salita estaba abarrotada de un público no habitual del teatro, pero que, atraído por la farándula, hasta esperó una segunda función que tendría lugar a las diez de la noche.

El teatro comercial de Jazz Vilá sabe mover todos los resortes para su popularidad. Abundante promoción, utilizando todos los medios: carteles. Vallas, periódicos, radio, televisión, etc.

Buenos sponsor, más de 20 patrocinadores, la mayoría cuentapropistas que se ganaron un espacio en el programa de mano, vistoso, con abundante fotografía, colores, y tan llamativo como todo lo demás.

El empaque de Farándula viene acompañado de una música original, del compositor de turno: Osmani Espinosa, interpretado por Alex Duvall;  y tres obras plásticas de artistas jóvenes, como parte de la escenografía.

Después de todo lo descrito la caracterización de teatro comercial se hace más explícita. Y dice: El teatro comercial es aquel que se rige por la búsqueda de salud económica, puesto en manos de empresarios privados y que tiene como condición sine qua non el éxito de público. Sin el público este teatro no existe. ¿Claro verdad?

Otra condición con la que Jazz Vilá cumple muy bien: Las fórmulas de programación del teatro comercial van encaminadas al común de los mortales, suelen contar con rostros conocidos que provienen del cine o televisión y, salvo excepciones, gran parte de sus obras son de corte cómico o melodramático.

Cada cual se emociona con lo que se emociona. ¿Necesitamos ir al teatro con una carga teórica o se puede ir al teatro sin más, disfrutarlo y cuestionarnos?

Creo sinceramente que esas son sus pretensiones: atraer a ese público y ponerlo a disfrutar de una historia fácilmente legible, con figuras atractivas de los medios y mucha alharaca, eso sí, muchísima alharaca, aunque las nueces estén perdidas.

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PRESENTA LA QUINTA RUEDA VERSIÓN DE LA NOCHE DE LOS ASESINOS EN FESTIVAL DE LAS ARTES

Por Mery Delgado / Foto Javier Hidalgo
Una versión de La noche de los asesinos de José Triana (Premio Casa 1965), será estrenada los días 4 y 5 de junio, por el proyecto estudiantil La Quinta Rueda que dirige Charles Wragner, como parte de la programación del Festival de las Artes, de la Universidad de las Artes de La Habana.
La obra subirá al escenario de la sala Adolfo Llauradó, en sus horarios habituales. El espectáculo, producido por estudiantes de todas las especialidades de la Facultad de Arte Teatral, es propósito que destaca su director para la gran fiesta de la prestigiosa institución.
Surgido en 2014, el proyecto La Quinta Rueda fue convocado por Charles Wragner, desde el inicio de su carrera en la especialidad de Dramaturgia.
“Lo creamos un grupo de estudiantes pertenecientes a diferentes especialidades dentro de la propia Facultad, entre los que se encuentran: Lisset de León, Roberto Montesinos, Ricardo Sarmiento, Odelmis Torres, Zulaine Soler, Taimí Dieguez y Karla Puente, por solo citar algunos”.
“El proyecto -según refiere Wragner- buscaba básicamente empezar un proceso de investigación partiendo del trabajo del actor, y todos aquellos elementos relacionados con el teatro, inspirados en el trabajo de maestros internacionales como Barba, Grotowski, que habíamos leído, y la referencia de los nacionales Roxana Pineda, Joel Sáez, Flora Lauten y Carlos Celdrán, a quienes seguíamos en sus procesos de creación”.
La noche de los asesinos, cuenta Charles Wagner, había sustentado su tesis de grado en el nivel elemental de actuación, cuando se graduó en Villa Clara con algunas de las escenas del espectacular texto.
Por eso cuando fue convocado por el profesor Eberto García para un performance primero, y después para todo el texto, no lo pensó dos veces y reunió a todo su colectivo.
“Iniciamos el proceso de investigación y nos llamó mucho la atención de qué iba la obra, pero había elementos dentro del texto de Triana que no nos interesaban. El lenguaje por ejemplo, de los años 60, no acorde a nuestra generación, y la forma en que los jóvenes de la obra jugaban. Entonces decidimos hacer el proceso de investigación por otra parte, y subvertir los juegos del espectáculo por historias que recopilamos”.
A ello ayudó la diversidad de procedencias de cada uno de los integrantes de La Quinta Rueda, que se propusieron recopilar las historias de las localidades de origen, para después entre todos seleccionar las mejores para la escena, revela Wragner antes de continuar el diálogo para Cubaescena.
“Llegamos a tener 30 historias populares –afirma el joven director. Trabajamos con diez de ellas. Hicimos como un proceso de curaduría, para ver cuáles eran las más intensas y cuáles jugaban más dentro de la idea del espectáculo. El medidor para estas historias fue la relación padre e hijo. Finalmente nos quedamos con las tres que funcionaron mejor para la escena. Con ellas, Ricardo Sarmiento hizo la reescritura, las organizó dramatúrgicamente, y mantuvo la estructura de Triana, cuyo texto fue intervenido por nuestros relatos”.
A la pregunta de cómo fue acogido el preestreno de La noche de los asesinos en Villa Clara, Charles comentó para Cubaescena:
“Nosotros fuimos invitados para hacer el preestreno de la obra, a un evento que se llama Al centro, que comenzó este año organizado por el CITO (Centro de Investigaciones Teatrales Odiseo), liderado por Roxana Pineda.
“Y yo pensé que no iba a tener tanta aceptación, por la manera en que eran presentadas las historias sin tanta construcción; a diferencia de lo detallado y minucioso de los espectáculos que hace el Estudio Teatral acostumbrado a la dirección de Joel Sáez, y del gusto popular en esa provincia.
“Sin embargo fue curioso, porque todos los códigos fueron entendidos rápidamente. Y después, entre lo que escuchamos de las amistades, que en esa ciudad son muy sinceras, y lo que preguntaron sobre la obra, a nosotros nos pareció maravilloso. Vino a completar lo que nosotros queríamos. En la obra siempre se deja una incógnita, el texto original de Triana tiene una estructura cíclica, y nosotros quisimos mantener eso, porque hay una parte del ciclo que lo completa el espectador una vez que vio la función.
“Al final del encuentro, había muchas preguntas por parte de los espectadores: ‘por qué hablan de esto, y por qué estas historias, de donde las sacaron, cómo fue el juego, esto es real o no es real, porque siempre se queda eso ambiguo’.
“Entonces nosotros, en el espacio que propiciaba el evento explicamos el proceso creativo, y a la gente le llamó mucho la atención que jóvenes estudiantes del ISA, estuvieran haciendo ese proceso de investigación, reuniendo a jóvenes de diferentes lugares del país, para dialogar sobre eso. Eso para mi fue lo más interesante de cómo el público lo recibió”.
Sobre las expectativas con el público de la capital en el Festival de las Artes, el joven director contestó:
“Espero el diálogo franco sobre todo con los espectadores, para eso uno trabaja año y medio creando un espectáculo para ellos. Y considero que es casi un regalo y merecido para los estudiantes del ISA, que hace el Consejo Nacional de las Artes Escénicas (CNAE), al brindar durante una semana el circuito teatral de La Habana, para que los estudiantes del ISA presenten sus trabajos, muestren sus proyectos y puedan tener ese diálogo. O sea el CNAE es casi quien propicia ese diálogo franco y sincero de los estudiantes de las artes con su público, y eso es lo que yo creo más valioso.”
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