Los Rostros de Buby

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Por Mery Delgado

Rostros en la escena se titula la muestra personal de la fotógrafa María Eugenia Bode que dejó por el resto de noviembre el 15º Festival de Teatro de La Habana en el lobby del Complejo Cultural Bertolt Brecht.

Treinta imágenes recogidas entre 2010 y 2013 integran la exposición de esa artista del lente que todos los seguidores de las tablas en la Isla conocen por Buby.

Veintinueve minutos de diálogo develaron en un inicio que llegó a la fotografía desde niña y nunca más se pudo separar de ella. De formación autodidacta, tuvo un primer período de trabajo en la década de 1980, cautivada por la época gloriosa del Ballet Nacional de Cuba.

La danza es mucho más difícil que el teatro. Lo primero que aprendí era que tenía que saberme la coreografía. Si no es así, no puedes captar el movimiento. Uno tiene que saltar con los bailarines. Eso no es de un día, ni de dos, es muchos años tirando lo mismo, explica.

Yendo a la perfección, Buby llegó a saber que todos los bailarines no saltaban iguales, ni se quedan el mismo tiempo en el aire o en un balance, de la misma manera.

Así rememora que llegó a conocer cómo se movía cada bailarín de la compañía.

No era lo mismo Josefina Méndez en un balance, a la cual sabía que podía tirar diez fotos, o Lázaro Carreño o Andrés Williams en un salto, o si quería algo más teatral en el segundo acto de Giselle por Mirtha Plá.

Todos esos instantes tuve la dicha de poderlos captar, enfatiza.

Buby atesora mucho material de aquella época, todavía en tiempos analógicos. De ahí que su conservación y digitalización sea una de sus mayores preocupaciones.

Mientras, la necesidad de tirar fotos en otro medio la llevó durante 2010 a explorar la escena dramática cubana. Con ese cambio llegó también su primera cámara digital.

Fue como si volviera a empezar. Las primeras que tiré con esa cámara, una Canon EOS 20D fue a Mefisto Teatro en su versión de Chicago, una obra que me ayudó mucho a conocer mi cámara y a empezar a captar imágenes del teatro.

Por la relación de trabajo que me une a Buby, la complicidad en tantos acontecimientos me animó a preguntarle qué le motiva más del teatro…

Me gusta mucho la expresión de los actores, ver que eso es un instante, un acto de riesgo que no se repite como en otros medios. Nosotros tenemos actores de una calidad extraordinaria. Y cuando ellos se desangran en la escena, a mi cámara le sucede lo mismo, respondió.

Su vinculación con ese arte devino relaciones de trabajo con las revistas Revolución y Cultura, Tablas y Entretelones, además del periódico Trabajadores, Cubasí y Cartelera Cultural, entre otras publicaciones del país.

Asimismo, en un acto de reciprocidad por el buen arte, dona su trabajo a los actores para que tengan su memoria de los grandes momentos en que se ven involucrados.

En la conversación me confiesa que tiene varias líneas de trabajo: Rostros en la escena, Pas de Deux, con dos actores; y la de varios, en un montaje de mayor magnitud.

El entusiasmo la lleva a confesar las trampas que tiende una buena fotografía, que puede motivar al público a ver una determinada obra sólo por lo atractivo de la imagen.

La fotografía es un arte. Y para tomar fotos de teatro te debe gustar lo que estás haciendo. Tienes que sufrir con el actor, reir con él, y te tienes que adentrar en la historia que cuentan. Esperar ese momento, es lo que más me interesa.

Justo cuando apelo a su memoria de uno de esos instantes mágicos en su vida como fotógrafa que ya acumula treinta años recuerda el 30 de octubre de 1988.

Fue cuando las cuatro joyas del Ballet Nacional de Cuba bailaron por última vez el Grand Pas de Quatre. Fue grandioso. Yo era la quinta en escena. Aquellos primeros planos, las actuaciones y la danza exquisita, las luces a la altura del suceso, y el público sublime en un silencio cómplice. Ese es uno de los trabajos que yo guardo con más cariño.

Buby reconoce como cualidades de un fotógrafo de teatro la rapidez para poder captar ese segundo, tener corazón para conmoverse con lo que sucede en la escena, y asumir la sinceridad con el trabajo; lo que en su caso se sintetiza como amor por el teatro.

Rostros en la escena es una exposición que habla por sí sola de la artista que es Maria Eugenia Bode. La pasión, el esfuerzo, el momento que marca la historia de un actor, viven y trascienden gracias a su obra.

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El mundo de Axu Peña en La Habana

Por Mery Delgado
La española Axu Peña llega a la galería de arte del hotel Armadores de Santander, en La Habana Vieja, formando parte del festival Noviembre Fotográfico, que se despliega por una veintena de salas capitalinas.

Su proyecto El mundo que habito lo describe como imágenes redobladas y aparentemente simétricas.

Es una visión, donde no existe la perfección, sino la armonía en el mundo interior y exterior, lo mismo de adentro hacia fuera que al revés, las orillas, los límites; eso es lo que quiero expresar con la obra, asegura.

Casi un año le llevó preparar esta exposición, confesó Axu Peña a CMBF, Radio Musical Nacional.

Explicó que la integran cuatro series, dos en color y dos en blanco y negro, integrada cada una por tres fotografías. Las nombró: Mundos pétreos, Sueños, Entre cuerdas y Lecturas en azul.

Con su obra la tinerfeña pretende un diálogo con el espectador.

Busqué que cada imagen estuviese abierta a muchas lecturas, y que cada uno las pueda interpretar guiándose por lo que le sugieren, acentuó.

POESÍA EN LA IMAGEN

Tanto la muestra como el catálogo editado para la ocasión incorporan textos poéticos de la poetisa Candelaria Villavicencio, quien se inspiró en las fotos del mar.

Todas las imágenes están hechas en la costa de Tenerife y son el resultado de muchas horas de trabajo; de ir y venir hasta encontrar las localizaciones más idóneas para la idea que está en tu cabeza.

El proyecto hay que pensarlo primero, estructurarlo; porque no siempre te encuentras con la luz que necesitas, el momento propicio del mar, y luego de ir tantas veces a los lugares, está el revelado, otro momento importante, asegura la fotógrafa Axu Peña con 30 años de oficio.

Varias razones le motivaron para presentar su obra en Cuba.

Yo le tengo un cariño muy especial y la considero mi segunda tierra por varias razones: mis bisabuelos emigraron a Cuba y sus hijos entre ellos mi abuela –tuvieron once hijos- nacieron aquí.

Ellos regresaron a Canarias -mi abuela con 17 años de edad- y ella, a través de mi padre, me transmitió muchos poemas de José Martí, al igual que las costumbres cubanas. Eso siempre lo he tenido arraigado sin darme cuenta.

Axu Peña estuvo en Cuba en 1995 y asegura haberse sentido como en casa.

Ahora me he sentido igual, por eso quería tener una deferencia con esta isla, para devolverle a esta tierra lo que tanto me ha dado a mí.

El mundo que habito forma parte de una colectiva en Tenerife que se llamaba El litoral y la palabra, pero eran obras individuales de cada artista, entonces desde esa extraje mi obra y la he traído aquí.

Miembro de la Asociación Española de Fotógrafos de Naturaleza, AEFONA, la creadora tinerfeña ha realizado numerosas exposiciones tanto individuales como colectivas.
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Llega a escenario habanero versión de La Sirenita

Por Mery Delgado

Tras presentar El Ruiseñor durante el 15º. Festival de Teatro de La Habana Christian Medina Negrín estará hasta el 17 de noviembre y por dos fines de semana con su Teatro de Títeres Retablos en el Teatro Museo El Arca, del Centro Histórico capitalino, con su más reciente estreno: La muchachita del mar.
Persiguiendo ser fiel al original de Hans Christian Andersen le da este título a su unipersonal que, a diferencia de La sirenita creada por Walt Disney no cree en los finales felices y le sirve para volver a hablar de la identidad, quién soy y qué voy a hacer con mi vida, según palabras del titiritero.
Por una afinidad con el nombre del autor y su buena literatura para niños, ha querido seguir con las historias de Andersen, en el mismo formato, aún con lo complicado que pueda resultar la producción que en esta pieza le llevó casi dos meses.
No es un espectáculo grande, su estilo remite en algo a los dibujos Manga de las historietas japonesas, y eso lleva su estudio y una buena selección de los materiales, dice.
El titiritero de la provincia de Cienfuegos, que ya cumple 14 años de vida artística, reveló a CMBF, Radio Musical Nacional, la dificultad del montaje al tener tantas locaciones el cuento. Por ello le tomó su tiempo armar la mecánica, de forma coherente y natural, para el público.
Lo que más demoró fue concretar la idea, pero cuando ya la tuve clara lo demás fue construcción y ajuste, que fue relativamente rápido, asegura.
Christian trata de justificar su presencia en la escena porque, en la pieza, el actor siempre está visible a los espectadores.
En esta ocasión es un hombre que padece una extraña enfermedad por lo cual le era imposible salir al mundo exterior, a la luz del sol, y sueña con el mar. En su cuarto, en penumbras, evoca sus recuerdos del aire marinero. De ahí sale su historia.
La banda sonora acude a temas musicales alusivos al agua -Saint-Saens, Ravel o Smetan, entre otros- y aunque utilizo una pequeña mesa, los títeres de diferentes técnicas –de guante, marottes y sombras-, así como otros elementos que manipulo, tienen mucho mayor movimiento que en El ruiseñor.
Probada en la sureña ciudad cienfueguera donde tuvo su estreno el 4 de agosto, Christian recuerda que empezó con mucho miedo, pero según transcurrió el tiempo, vio al público infantil muy atento y con algunas reacciones lógicas ante la tristeza de la sirenita percibió que la historia había funcionado y quedó satisfecho con esas primeras presentaciones.
A propósito de La muchachita del mar el también titiritero y crítico Rubén Darío Salazar afirmó que aún cuando la versión dramatúrgica está salpicada del cálido humor cubano, de citas literarias y geográficas referentes a sitios marítimos del planeta, nunca abandona el dulce amargor que identifica a las narraciones de Andersen.
Como Pico Sucio, la posterior puesta que Retablos logró con El Ruiseñor maravilló del mismo modo a la familia cubana, por su bella artesanía y soluciones escénicas ingeniosas, que Christian Medina ha sabido recuperar para un mayor prestigio de su profesión.
Esperemos entonces que La muchachita del mar cautive a los capitalinos en las márgenes de la Avenida del Puerto, donde se afinca el Teatro Museo El Arca, allí donde Christian estará contando su historia.
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