Reversible: el comportamiento humano como inspiración.

Por Mery Delgado

Foto: Yuris Nórido

Reversible es el nuevo estreno de Annabelle López Ochoa, la coreógrafa belga-colombiana que se ha hecho habitual en los últimos tiempos en los escenarios cubanos.

Respondiendo a una invitación de Miguel Iglesias a colaborar con la Compañía Danza Contemporánea de Cuba que él dirige, propuso a los “magníficos bailarines que había visto en Cali”, una composición coreográfica inspirada en el comportamiento de los cubanos en la sociedad.

Reversible comienza como un ritual de hombres y mujeres, donde dos bailarines de diferente sexo , una pareja de hermosa y casta desnudez entre dos grupos “tribales” —el femenino con pantalones largos y el masculino con sayas tipo kilt escocés de color gris acero ambos— plantean la invisible dualidad que puede establecerse al interior de la figura humana.

López Ochoa fue tocada por la cultura cubana desarrollada en una sociedad machista y patriarcal. Justamente de la masculinidad de los hombres con sus torsos bien pronunciados, y la feminidad de nuestras mujeres con el movimiento de caderas, crea un sistema de signos que refuerzan su tema espacial, plástica y dramatúrgicamente.
Como una eterna búsqueda entre los hombres y las mujeres, una lucha de seducción, de encontrar la fusión de los dos géneros como el círculo del ying y el yang, blanco y negro, pero que nunca se fusionan porque el ego es más fuerte que todo y en definitiva son dos partes.

Así van pasando las escenas de danzas individuales de unas y otros, diálogos que aprovecha muy bien la coreógrafa para mostrar el virtuosismo de sus bailarines y la sensualidad de la pareja “enfrentada”.
La energía que siempre acompaña a la agrupación cubana es aprovechada al máximo por la coreógrafa belga –colombiana, quien propuso para Reversible una música de mucha fuerza en algunos momentos, una bachata para un tono más teatral y, al final, un tema flamenco para el momento donde se unen las almas y no hay más grupo, no hay más ego.

El maestro Ramiro Guerra en Develando la danza plantea:

Los códigos son conjuntos convencionales de reglas que permiten generar signos como realizaciones concretas capaces de modelar significaciones a través de imágenes que proponen un contenido(significado) por medio de una forma(significante),estableciendo un universo cultural que remite a otras unidades culturales en una especie de cadena interminable. Son, por lo tanto, portadores de un proceso semiótico o semiosis, que producen un sentido a lo propuesto en el texto, cualquiera que sea su naturaleza (literaria, musical, poética, coreográfica, etc.).

La coreográfa Annabelle López Ochoa crea para su obra un discurso donde podamos revertir los roles asignados, de ahí no solo su título, sino también el sistema de códigos que emplea para reforzar la idea.
El código espacial escoge un escenario sin adornos, simple, donde la acción danzaría plantea oposiciones desde un inicio para homogeneizar la imagen al final.
Mientras el código gestual, mucho más reforzado, nos llega a través de los bailarines de ambos sexos, sus movimientos arquetípicos, identificativos en el imaginario cubano para cumplir determinado rol en la sociedad.

El código simbólico es presentado desde el ritual inicial haciendo referencia a Adán y Eva, los grupos tribales, los movimientos de atracción y repulsión ,todo en una primera escena que comunica al espectador las intensiones de Reversible

Los distintos códigos que suelen relacionarse al unísono en el espectáculo son todos importantes y funcionan al mismo tiempo, pero en esta obra el código lumínico de Fernando Alonso, apoya cada una de las escenas, le da fuerza, atmósfera, revela siluetas, enmascara roles y se convierte en verdadera escenografía de la pieza.
Todo ese sistema de comunicación apoyado por un sobrio diseño de vestuario de Vladimir Cuenca en función de la idea o leimotiv de la autora logran comunicar al espectador sus intenciones de diálogo con la realidad cubana.
La conclusión de Reversible consiste en una magnífica imagen plástica donde las chicas, senos al aire, intercambian sus prendas de vestir distintivas, para luego involucrarse en una masa coral de impactante carga dramática producida por su movimiento de traslación en diástole y sístole.
Se difuminan los sexos, los pelos en plena libertad, los torsos libres de vestuario confunden la visión óptica que se ampara en la iluminación al fondo, pasando por un momento lento hasta la oscuridad total de las luces.
Las almas no tienen género, parecen gritar los 16 bailarines en movimientos uniformes. La diferencia de roles es eliminada desde el movimiento mismo. Todo es Reversible.
Los aplausos no se hacen esperar. El Teatro Mella es animado por una cerrada ovación.

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