Las historias que vinieron con sombrillas.

 Texto y Fotos : Mery Delgado.

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Siete sombrillas  blancas irrumpen en la pequeña salita del Café Brecht  , siete viejitos  que van a hacer sus mandados al mercado : Alejandra de los recuerdos, Beatriz de los sueños, Claro de las flores, Damiana de los remedios, Eduviges de los bordados, Fortunato de los niños y Gabriel de los pájaros . De pronto estos personajes que están caracterizados cada uno con un color se ven dentro de un teatro y con un público que espera expectante la narración de una historia.

Así  inicia la puesta Historias con sombrillas de Maikel Chávez – una recreación de ¨Las viejitas con sombrillas¨  de Manuel Cofiño – que ahora  Teatro Pálpito bajo la dirección de Ariel Bouza  presenta sábados y domingos a las once de la mañana en el Complejo Cultural Bertolt Brecht.

Nuevamente el dúo Chavez-Bouza  recurre a los títeres  para contar su historia, a la buena música cubana con un toque de repentismo y a un grupo de actores que hilvanan sus personajes orgánicamente  a la vez que manipulan a los muñecos.

La  fábula es contada y las viejitas bailan, hacen ejercicios, montan su espectáculo para los niños  y se despiden con la alegría  de  haber llevado un lindo mensaje a sus espectadores que casi siempre acuden en familia: la atención  a  los abuelos y el respeto que ellos merecen por su experiencia y su aporte a ese núcleo central.

Maikel Chávez tiene una probada dramaturgia en títulos como:Con ropa de domingo, Un mar para Tatillo  o, Puerto de Coral , siempre haciendo reverencia a elementos de la cubanía  y a recursos que funcionan perfectamente para un espectáculo en familia y no sólo para un sector determinado.

En el montaje de Ariel Bouza no existe escenografía, sólo objetos y títeres que los actores modifican según requiera la historia. Asimismo las luces amparan los movimientos escénicos muy eficazmente  al igual que el diseño sonoro.

Aplausos pues, para Historias con sombrillas, un nuevo título en el mapa teatral cubano que  bien vale disfrutar .

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Vuelve El Dragón de oro a la Sala Llauradó

Yordanka Ariosa valiosa adquisición de Teatro de la Luna.
Yaité Ruiz se mueve fácilmente en sus tres personajes

Texto : Isabel Cristina  Fotos : Buby

 

Previo   a  una gira internacional  que lo llevará a el Mülheimer Theatertage “Stücke 2011” y a la ciudad de Dresde , Alemania  en los primeros días de junio  , Teatro de la Luna vuelve a la Sala LLauradó  con El Dragón de Oro del dramaturgo alemán Ronald Schimmelpfennig  dirigido por Raúl Martín, puesta que sólo había tenido una breve temporada en la Semana de Teatro alemán en La Habana.

El texto explora los laberintos de la vida común, una vida sin terribles sobresaltos ni grandes peripecias. Schimmelpfennig nos hace detenernos en lo insignificante, lo cotidiano y convierte esas pequeñas cosas en lo verdaderamente esencial. En la cocina de un restaurante chino se ensartan las vidas de gente sin nombre que revelan su historia entre pasta asada con carne de pollo, camarón curry y verduras.

El montaje privilegia el valor de la palabra pues cada sílaba encierra un misterio, un designio. Los actores se muestran al público todo el tiempo como los cinco cocineros y un detalle de vestuario hace aparecer a la Cigarra, al abuelo, al hombre de la camisa de rayas…

El diseño de vestuario y escenografía opta por la sencillez y la funcionalidad. Si bien la puesta en escena no resulta compleja escénicamente, los actores la enriquecen con matices, estados de ánimo, energía y la hermosa juventud que los caracteriza. Liván Albelo, Olivia Santana, George Castro, Yordanka Ariosa y Yaité Ruíz logran aunar sus voces en la cocina y fungen como verdaderos músicos casi a la par de Yamilé Cruz en el piano y Diana Rosa Suárez en la percusión. Los actores consiguen crear el ambiente alocado de la cocina y con absoluta destreza transitan hacia la ternura de la cigarra o la oscuridad de las aguas bajo un puente.

Raúl Martín supo caminar en puntillas sobre la palabra tremenda de Schimmelpfennig y delicadamente dejó sus huellas sobre la dorada faz del dragón. El artificio, el acento coreográfico, el protagonismo absoluto del actor y el uso de la música como elemento crucial, son unos de los presupuestos fundamentales del Teatro de La Luna y estos encuentran un lugar seguro en El dragón de oro.

Este es un espectáculo  para degustar una vez más los exquisitos platillos del restaurante. Raúl Martín nos recomienda el plato número 5: música en vivo, con melocotón y salsa agridulce, una pizquita de gracia, talento fresco salpicado de poesía, bambú y ajo picante.

La actuación , plato fuerte de este colectivo
Livan Albelo y Olivia Santana demuestran sus dotes histriónicas